¡Dulcísimo
Jesús Nazareno,
Dios y Redentor mío,
que llevando sobre tus hombros la cruz,
caminas al Calvario para ser en ella clavado!
Yo pobre pecador
soy la causa de tu Pasión dolorosísima.
Te alabo y te doy gracias,
porque como Manso Cordero
recibiste sobre tus hombros el madero
de tu enorme suplicio,
para expiar en él mis pecados
y los del mundo entero.
